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La Ley de Moisés

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"En el Sinaí, el Señor le dio instrucciones definidas [a Israel] tocantes al servicio de los sacrificios. Una vez terminada la construcción del santuario, Dios se comunicó con Moisés desde la nube que descendía sobre el propiciatorio, y le dio instrucciones completas acerca del sistema de sacrificios y ofrendas, y las formas de culto que debían emplearse en el santuario. De esa manera se dio a Moisés la ley ceremonial que fue escrita por él en un libro y colocada ‘al lado del arca del pacto’ (Deuteronomio 31:24-26). ‘Pero la ley de los Diez Mandamientos pronunciada desde el Sinaí había sido escrita por Dios mismo en las dos tablas de piedra, y fueron guardadas sagradamente en el arca’ (Éxodo 31:18; Deuteronomio 10:5). "Muchos confunden estos dos sistemas y se valen de los textos que hablan de la ley ceremonial para tratar de probar que la ley moral fue abolida; pero esto es pervertir las Escrituras. La distinción entre los dos sistemas es clara.

 

El sistema ceremonial se componía de símbolos que señalaban a Cristo, su sacrificio y su sacerdocio. Esta ley ritual, con sus sacrificios y ordenanzas, debían los hebreos seguirla hasta que el símbolo se cumpliera en la realidad de la muerte de Jesús, Cordero de Dios que quita los pecados del mundo (Juan 1:29). Entonces debían cesar todas las ofrendas de sacrificio. Tal es la ley que Cristo quitó de en medio y clavó en la cruz (Colosenses 2:14)”. (Elena G. de White, Patriarcas y Profetas, Pág. 380). Pero acerca de la ley de los Diez Mandamientos el salmista declara: "Para siempre, oh, Jehová, permanece tu palabra en los cielos" (Salmos 119:89). Y Cristo mismo dice: "No penséis que he venido para abrogar la ley...De cierto os digo… " y recalca en todo lo posible su aserto : “que hasta que perezcan el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde perecerán de la ley hasta que todas las cosas sean hechas" (Mateo 5:17,18).

En estas palabras Cristo enseña, no sólo cuáles habían sido las demandas de la ley de Dios, y cuáles eran entonces sino que además de ellas perdurarán tanto como los cielos y la tierra. "La ley de Dios es tan inmutable como su trono. Mantendrá sus demandas sobre la humanidad a través de los siglos" (Elena G. de White, “Patriarcas y Profetas”, Pág. 380,381). Para que no haya confusión en tu mente acerca de la verdadera naturaleza del sábado de la ley moral de Dios, conviene que puntualicemos que en las Escrituras se habla de otra ley llamada la ley de Moisés (Juan 7:23; Hechos 15:5), que prescribía los días de fiesta o sábados ceremoniales que eran una sombra de lo por venir (Colosenses 2:16,17). Relacionados con la antigua pascua (Levítico 23:5), los panes sin levadura (Levíticos 23:10), el Pentecostés (Levítico 23:16), las trompetas (Levítico 23:24), la expiación (Levítico 23:27), los tabernáculos (Levítico 23:34), se celebraban anualmente. Estos días de fiesta también se llamaban sábados o días de reposo (Levítico 23:24,32,39).

 

En Génesis 2:2-3 se encuentra una triple referencia al séptimo día de la semana, pero no se menciona la palabra "sábado". Cassuto observa que Moisés usa la frase "séptimo día" de manera intencional en lugar del término sábado para enfatizar la validez permanente de ese día independientemente y al margen de cualquier asociación con los sábados astrológicos de los pueblos paganos (U. Cassuto, “A Comentary on the Book of Genesis”, 1961, Pág. 63). Señalando un orden permanente, el séptimo día de la semana, refuerza el mensaje del relato de la creación, a saber, que Dios es a la vez el Creador y el Señor del mundo. La palabra “sabat” (cesar, descansar, reposar), tiene una alusión al nombre sábado. El séptimo día como Sabat dio motivo a que se le nombrara "sábado", en el naciente idioma español, en cuya formación influyeron tanto la práctica de la iglesia latina como la cultura judaica. Pero Dios también se valió del vocablo Sabat entre los hebreos para indicar los días de descanso festivos.

 

Estas fiestas ceremoniales sólo ocurrían anualmente. Entre estos sábados anuales se encuentran los días 15 y 21 del primer mes (Levítico 23:5-9), y los días 10,15 y 22 del séptimo mes (Levítico 23:24,32,34-36 y 39). Con sólo notar que meditan 5 días entre los sábados del 15 al 21 del primer mes, y cuatro días entre el 10 y el 15 del séptimo mes, basta para comprobar que estos "sábados" anuales no revisten carácter septemario. San Pablo en Colosenses 2:16 hace referencia a los sábados y fiestas paganas que algunos querían introducir en las filas del cristianismo, incluyendo los sábados ceremoniales del Antiguo Testamento, que ya habían sido abolidos con el sacrificio de Cristo.

Los sábados que eran sombra

Los sábados "sombra" de lo por venir a que hace alusión el texto de Colosenses 2:16, son las fiestas del ceremonial judío. Relacionados con la pascua (Levítico 23:5), los panes sin levadura (Levítico 23:6); el Pentecostés (Levítico 23:16); las trompetas (Levítico 23:24); las primicias (Levítico 23:10); la expiación (Levítico 23:27); los tabernáculos (Levítico 23:34); se celebraban anualmente. “Éstas son las fiestas solemnes de Jehová, a las que convocaréis santas reuniones, para ofrecer ofrenda encendida a Jehová, holocausto y ofrenda, sacrificio y libaciones, cada cosa en su tiempo, además de los sábados de Jehová... “ (Levítico 23:37-38).

 

La diferencia entre los días de descanso anuales y los semanales se define clara y precisamente. Aquellos "sábados" ceremoniales se observarían, además eran fijados en el calendario anual eclesiástico de los judíos, así como los hombres modernos han fijado las fechas de las festividades de Navidad y días de reyes. Eran "sábados" de "sombra" que anunciaban a Cristo como la gran pascua (1 Corintios 5:7); a Cristo como el pan sin levadura (Juan 6:51); a Cristo como las primicias (1 Corintios 15:23); a Cristo como el Pentecostés (Hechos 2:1; Juan 7:39); a Cristo como la trompeta (1 Tesalonicenses 4:16); a Cristo como la expiación (Hebreos 2:17); a Cristo como el verdadero tabernáculo (Juan 7:2,10,37.39).

 

Al entregarse Jesús en sacrificio vivo por el mundo entero llegó la verdadera luz y se disiparon las sombras (Juan 1:4-5,9;8:12,28). Sin embargo, jamás se instituyó ni se empleó el sábado semanal como una figura o tipo. Fue establecido como monumento de la creación; se incluyó en la ley moral escrita con el dedo de Dios en las dos tablas de piedra (Éxodo 31:18).

Conclusión

 Todo el ritual judío y la ley de Moisés con todos los sábados ceremoniales fueron abolidos con la muerte de Cristo, porque todo ese culto era una representación de su plan redentor. El sábado, séptimo día de la semana, cuarto mandamiento de la ley moral, el día de reposo del Señor, no fue abolido con la muerte de Cristo, porque mientras Dios sea el Creador del universo, el sábado fue, es y será un monumento conmemorativo de su poder creador. El Señor te invita a seguir su ejemplo reposando el sábado (Hebreos 4:10).

 

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